domingo, octubre 01, 2006

PATÍBULO

Cerré los ojos, por un momento divagué
en el campo de azucenas,
los verdes penetraron mi torrente sanguíneo,
los cipreses se mecieron en mis ganas de vida;
fue eco el canto de las aves
y el murmullo del riachuelo me inundó las piernas;
soñé despierta, las sensaciones fueron caricias
entre mis vanos recuerdos.
Las piedras me acogieron en su lecho;
abro los ojos y se pierde todo aquél cielo,
no veo nada, solo escucho un golpe seco...
Es la hoja afilada que separa la cabeza de mi cuerpo
bañando de carmín la guillotina.