CURA PARA EL INSOMNIO
-¿Qué sucede? – preguntó él ante el abrupto despertar.
- ¡Nada, no puedo dormir, tengo insomnio!
- ya llevas varios días así, deberías tomar algo, ¿un té sería fabuloso o unas pastillas, no crees?
- No, no quiero nada.
La luz se apagó de nuevo y con ella la conversación, sin más preámbulos él se acurrucó debajo de las sábanas mientras ella daba vueltas en la cama pensando interminablemente en lo mucho que deseaba caer en los brazos de Morfeo. Al día siguiente él se levantó y preparó el desayuno, no la despertó pues sabía que no había podido conciliar el sueño hasta entrada la mañana y que si lo hacía su mujer estaría de peor humor que en los últimos meses; el sentimiento de pertenencia le hizo sentir feliz aunque internamente sospechaba que algo sucedía, pues apenas el mes pasado fueron una serie de pesadillas y ahora el insomnio el que se interponía entre ellos.
Pasadas las 12:00 de la mañana ella abrió los ojos, trato de incorporarse pero el cansancio producido por las noches sin dormir era más poderoso que las labores que la esperaban como cada día desde que vivía con él. Se quedó una hora más en la cama esculcando entre las posibles causas que le causaran el trastorno. Su hombre, cómo el prefería autonombrarse entró a la recamara y se sentó apoyando la cabeza en su regazo.
-¿Cómo amaneciste? ¿Espero que hayas descansado o no? Te traje el desayuno.
- Pues creo que podría seguir durmiendo todo el día – respondió ella de buen talante.
- Creo que deberías relajarte un poco e investigar que es lo que te tiene tan estresada y no te deja pegar el ojo.
- Sí, tienes razón- mientras la respuesta salía de sus labios en lo más recóndito de su cabeza se iluminó el motivo, era él, con sus atenciones desmedidas, con sus buenas intenciones y sus desayunos en la cama, le odiaba, sin saberlo era él, con sus malditos ronquidos y sus consejos paternalistas, la voz de él se escuchó de nuevo.
- y una vez que hallas descubierto la causa tendrás que eliminarla para que los patrones no se repitan…..
- si, contestó ella como autómata imaginando si cabría el cadáver de él en el refrigerador.
Joana satán
01 de Noviembre 2006

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