sábado, octubre 21, 2006

POEMA INFINITO

Aun tu sudor perdura entre mi ropa.
Los trazos de tu piel asoman vagamente,
mi cuerpo aun emana el vaho de tu sexo;
pero estás muerto.
Ahora bogas por el mar de las flores,
tu aliento sabe a putrefacción;
aún así te beso.
Observo tu afligido rostro
y no me dueles.
Rezo una plegaria esperando
a que los perros devoren tus restos
y la tierra te devuelva a mi
cómo lo que eres
Nadie.