jueves, noviembre 09, 2006

EDNA DESCALZA SU MENTE







Te reencontré y de inmediato te invité a sentarte conmigo, no titubeaste; hacía tanto tiempo que no te veía que en un momento dado me olvidé de ti, más al verte algo dentro se incendió, súbitamente tu voz me incitó a inventariar nuestras platicas en el pasado, no había una sola, ¿Cómo podía ser? Si desde la primera vez te consideré un tipo interesante, atractivo, sin embargo no había nada de referencia para abordarte, los nervios hicieron presa de mi, ¿Qué le digo? No quisiera que notaras mi ansiedad; de momento recordé que no éramos los únicos en la mesa, tuve que desviar mi atención hacia la persona de al lado para que no fuera obvio el desencanto por no saber como actuar ante esta tonta situación, tú sonreíste y en mi estomago pude sentir el gorgojeo del amor ¿A primera vista?
Tuve ganas de descalzar mi pie y rozar tu pierna descaradamente, de decirte ¡Cuánto quería que nos fuéramos a otro lugar y seducirte!
Empezar con una estupida interrogación cuál si estuviéramos contestando un chismografo en la secundaría; me sentí ridícula… ¡a mi edad pensando de esa manera!
Te reirías si descifrases lo que pienso mientras brindamos… Enseguida razoné lo incongruente del asunto. Tomé un cigarro, gentilmente acercaste el encendedor para que lo prendiera y tu mano rozó suavemente la mía, ¡me imaginé gritando tu nombre mientras hacíamos el amor! ¡Qué atrevida!
Volví a la realidad cuando el mesero acudió a preguntar si deseábamos algo más… (una eternidad contigo) fue lo que sugeriría…
-Me da gusto que hayamos coincidido.
Tus palabras me obligaron a brincar de mi lado al tuyo, solo así pude romper con la sarta de imágenes de alto contenido sexual que surgían sin que yo pudiera detenerlas, de hecho no quería que se detuvieran; quería que brincarán de mi cerebro a la mesa.
Tú solo me hablas tratando de comprender la mirada que te recorre.
Pido la cuenta pues ya no puedo más, te invito a salir de este lugar tan inapropiado para mis planes, caminamos por el pasillo empedrado de la plaza, te despides mas los tragos y mis zapatos no son una buena combinación cuando caminas por un sendero así, pero es un buen pretexto para que me tomes del brazo, es mi oportunidad, te induzco a la oscuridad, Tú cedes, el beso es inminente, mis manos presurosas juegan con los botones de tu camisa, mi lengua pasea entre tus lóbulos y tu cuello, gimes sin oportunidad de escapar, te tengo… La gente que pasa observa mi encarnizada lucha por derrumbarte; me detengo al colocar la mano sobre el zipper de tu pantalón y susurro a tu oído ¡Te deseo, José! Me apartas bruscamente mientras tus labios van dictando las palabras que me devuelven a la realidad:
- Lo siento señorita, no me llamo José, y ¡Por favor mueva su carro porque está bloqueando la entrada al estacionamiento!






Joana Satán