jueves, noviembre 09, 2006

MOVIMIENTOS

La primera vez que te vi, pensé que no daría un peso por ti. La segunda, estabas sentado con varios de nuestros compañeros y pensé que a lo mejor en x circunstancia daría un centavo.

De repente entre las idas y venidas tu imagen se me fue haciendo habitual: Tu silueta de mediana estatura y complexión delgada, tu cabello corto, oscuro; tu piel con su textura de helado de café o quizá de nuez y tu eterno retrato, esa camisa blanca contrastando tus pantalones oscuros que intuyo ya se han de parar solos. Descubrí tu rostro y de repente razoné que tu sonrisa bien valdría otros 50 centavos y que el encuentro de nuestras miradas encendía el sol en mi interior; así, paulatinamente has ido a la alza, espero cotices lo suficiente para abalanzarme sobre ti.