MOVIMIENTOS
De repente entre las idas y venidas tu imagen se me fue haciendo habitual: Tu silueta de mediana estatura y complexión delgada, tu cabello corto, oscuro; tu piel con su textura de helado de café o quizá de nuez y tu eterno retrato, esa camisa blanca contrastando tus pantalones oscuros que intuyo ya se han de parar solos. Descubrí tu rostro y de repente razoné que tu sonrisa bien valdría otros 50 centavos y que el encuentro de nuestras miradas encendía el sol en mi interior; así, paulatinamente has ido a la alza, espero cotices lo suficiente para abalanzarme sobre ti.

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