La matanza
Impacientes esperan a que alguna dicte el tema a conversar, tarde o temprano surgirá uno, aunque en el fondo saben que en realidad han pasado la semana afilando sus garras para la cacería implacable que se lleva en ese recinto, aunque vistan su intolerancia de buenos propósitos todo es una farsa. Basta tan sólo que alguna dé paso en falso para destrozarla, sus dientes rechinan al arrancar los jirones de piel y carne, la sangre corre por sus labios, su vista no hace contacto ni por equivocación. Ha sido una carncería atroz e imaginaria, la víctima seguramente a esas horas estará levantándose de la cama, pensando en lo bien que ha hecho en no acudir al desayuno; sin imaginar que ella era el plato principal.

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