Hacía poco que nos habíamos mudado a ese departamento, al principio yo trabajaba en una marina al igual que mi pareja en aquél tiempo, generalmente salíamos muy de mañana para llegar a penas a cenar algo y dormir para al día siguiente repetir la jornada; pero un día al volver del trabajo nos habían robado las pocas cosas que adquirimos con muchos sacrificios, así que por acuerdo mutuo y después de hacer un balance de los gastos y necesidades que adquirimos al vivir juntos, decidimos que bien podía dejar yo mi trabajo temporalmente y dedicarme un poco a darle cara de hogar al lugar y de paso salvaguardar lo poco que los rateros nos habían dejado ( mis libros, la ropa de ambos, los enseres de limpieza y la plancha, aunque esta ultima bien hubiera dado lo que fuera para que se la llevaran). Pues así fue como poco a poco me fui instalando en mi nuevo rol de ama de casa, me apuraba temprano para tener listo el uniforme, levantar al susodicho y despedirlo para que se fuera al trabajo, hacía el quehacer en friega y me iba a hacer las compras, regresando cocinaba y comía algo ligero, esta era realmente mi ultima actividad, después me ponía a leer hasta llegada la hora en que él regresaba a casa y cenábamos juntos mientras me contaba los últimos acontecimientos en la marina, así transcurrían mis días apacibles y generalmente sin alteración, hasta que llego aquél libro a mis manos, era una compilación de narraciones de horror en honor a H. P Lovecraft el cual reunía a varios de sus discípulos más destacados, me sumergí de inmediato en la lectura, afición que me resultaba un tanto emocionante debido a la paranoia que sucedía a dicho hobby, pues al encontrarme sola en el departamento generalmente hasta altas horas de la noche mi imaginación volaba, así hasta que llegue a aquél cuento, no recuerdo el título pero trataba sobre un tipo que hacía un experimento sobre los miedos y el poder de la psique para materializarlos a la vida real de las personas que los padecen, total que el talón de Aquiles de la pobre víctima del científico este, era un sueño en el cual se encontraba agazapado en alguna habitación al final de una escalera cuando por esta subía un payaso con una cara desencajada por la locura con machete en la mano y le daba muerte al pobre de la manera mas espantosa que pudiera imaginarse, tardé varios días en poder finalizar dicha narración que era seguida de noches de insomnio, hasta que por fin lo terminé, esa noche menos dormí; la lectura me produjo un miedo indescifrable al grado que no quería ni ir sola al baño, dormí esa noche fusionada al brazo de mi compañero. La mañana se me hizo eterna hasta que finalmente el sol llego y con el mi acostumbrada rutina, todo era igual a los otros días hasta el momento en que despedí a mi pareja con un beso en el umbral de la puerta, después de eso me dirigí a la cocina a prepararme algo para desayunar, di la espalda a la ventana que daba a la terraza ubicada frente a la escalera para sacar del refrigerador unos huevos y un poco de jamón, en esas estaba cuando escuché el crujir de la puerta de madera que separaba la escalera de la calle, volteé enseguida, pensando que se le había olvidado algo a mi maridín y cual sería mi sorpresa cuando en lugar de verle a él, encontré subiendo los escalones a un payaso sudoroso y jadeante con un machete en la mano, he de confesar que el grito de espanto que emití aún resuena en mis oídos, los huevos resbalaron de mis manos estrellándose contra el piso, mis piernas apenas y lograban mantenerme en pie, me pegué a la pared mas cercana, mi corazón estaba a punto de estallar si no es que se detuvo en seco ante aquella visión, las imágenes del cuento que había leído apenas unas horas antes se habían materializado ante mi, casi me hago en los chones mientras un llanto histérico me embargaba, el payaso avanzo decidido a través de la terraza, yo no sabía que hacer, casi me había resignado a terminar igual que el pobre protagonista del cuento cuando de repente lo vi pegado a mi ventana, a punto de desmayarme y haciendo uso de mis ultimas fuerzas le pregunte quien era y que quería? Blandiendo su machete me contesto:
- Disculpe vecina, yo vivo al lado, doy clases de teatro y en mis ratos libres trabajo de payaso, le pedí permiso a su esposo cuando lo ví salir para pasar a cortar unas ramas de su árbol por que ya no me dejan abrir las ventanas de mi casa. ¿Le pasa algo? ¿Puedo ayudarla?
En ese instante corrí a la recamara por el libro y lo dejé en un parque a varias calles de la casa. No fuera a ser la del diablo y ahora si se me hiciera realidad el cuentito de horror.
Joana Satán
10/Mayo/2007
1 Comments:
Muy ingenioso... me gustó mucho el final! :)
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