sábado, junio 02, 2007

EL SUEÑO


Era un día como todos los días en aquella época de su vida, sin nada en particular, grises y vacíos, era obvio que no eran días ni prósperos, ni mucho menos felices, acababa de regresar a casa de su familia después de terminar con una relación por demás infructuosa y viciada de varios años; tratar de rearmar las piezas del rompecabezas de su vida es lo peor que puede pasarle a cualquier mujer, de cualquier edad, o cualquier nivel, pero a ella, le pesaba un poco más. Respirar era casi imposible.
Le dolía mucho tener que aceptar que siempre estuvo sola y que todo lo que había atesorado era ahora un puñado de arena lanzado contra su rostro, solía pensar que nada valdría la pena. Todo era una rutina constante como una gotera sobre un techo de cartón, el tiempo enloquecedor con su tic-tac, tic-tac que no para nunca, que escupe a la cara las vergonzosas verdades, esas que la convertían en un desecho de guerra, aquél juego que no había podido ganar y que probablemente nunca volvería jugar.

Sus días transcurrían encerrada en la alcoba que le habían destinado, apenas y salía de ella, sólo para comer o ir al baño, a pesar de las muchas suplicas de sus seres queridos por que cambiara su actitud; ni pensar salir a la calle con sus ojos hinchados y enrojecidos por el llanto incontenible, dormir era el único consuelo, soñar con días gloriosos, con cielos de brillantes arco iris, sueños que corresponden a las princesas de los cuentos de hadas, soñaba con un ángel de piel dorada de aliento dulce como las lilas, con ojos de aguamarina y cabellos de rutilo que dulcemente la tomaba en sus brazos, rodeándola de una suavidad y un confort desconocidos, una voz trémula le susurraba al oído que despertase, pero ella no quería volver a la agonía de siempre, se asió fuertemente a la figura de aquél hombre con tal fuerza que ya no hubo manera de soltarse nunca más. Así fue como ese día tan igual a todos los demás, llovieron plumas blancas sobre su cuerpo afirmando su victoria contra la tristeza y perpetuando el dulce sueño de la muerte.


















Joana Satán
29 de Enero 2007