miércoles, noviembre 29, 2006
jueves, noviembre 09, 2006
INTRODUCCIÓN PARA LA SEGUNDA LECTURA EN LA BODEGUITA DEL MEDIO EN VOZ DE VÍCTOR HERNÁNDEZ LUNA (PERIODISTA Y ESCRITOR VERACRUZANO)
Muerte, oscuridad, erotismo y dolor, celestial sentimiento, máscara del afligido, reflejo de la humanidad que exhalan los seres habitantes de esta dimensión condenados a vivir en el contraste del blanco y del negro, de la carne y la sangre. No hay parámetros para medir los demonios que cada quien llevamos dentro, sin embargo asoman por nuestras pupilas a cada instante, nadie puede escapar a las oscuras emociones; ese caleidoscopio de pasiones plasmadas en los Poemas y Cuentos de Joana Satán.
MOVIMIENTOS
La primera vez que te vi, pensé que no daría un peso por ti. La segunda, estabas sentado con varios de nuestros compañeros y pensé que a lo mejor en x circunstancia daría un centavo.
De repente entre las idas y venidas tu imagen se me fue haciendo habitual: Tu silueta de mediana estatura y complexión delgada, tu cabello corto, oscuro; tu piel con su textura de helado de café o quizá de nuez y tu eterno retrato, esa camisa blanca contrastando tus pantalones oscuros que intuyo ya se han de parar solos. Descubrí tu rostro y de repente razoné que tu sonrisa bien valdría otros 50 centavos y que el encuentro de nuestras miradas encendía el sol en mi interior; así, paulatinamente has ido a la alza, espero cotices lo suficiente para abalanzarme sobre ti.
De repente entre las idas y venidas tu imagen se me fue haciendo habitual: Tu silueta de mediana estatura y complexión delgada, tu cabello corto, oscuro; tu piel con su textura de helado de café o quizá de nuez y tu eterno retrato, esa camisa blanca contrastando tus pantalones oscuros que intuyo ya se han de parar solos. Descubrí tu rostro y de repente razoné que tu sonrisa bien valdría otros 50 centavos y que el encuentro de nuestras miradas encendía el sol en mi interior; así, paulatinamente has ido a la alza, espero cotices lo suficiente para abalanzarme sobre ti.
EDNA DESCALZA SU MENTE
Te reencontré y de inmediato te invité a sentarte conmigo, no titubeaste; hacía tanto tiempo que no te veía que en un momento dado me olvidé de ti, más al verte algo dentro se incendió, súbitamente tu voz me incitó a inventariar nuestras platicas en el pasado, no había una sola, ¿Cómo podía ser? Si desde la primera vez te consideré un tipo interesante, atractivo, sin embargo no había nada de referencia para abordarte, los nervios hicieron presa de mi, ¿Qué le digo? No quisiera que notaras mi ansiedad; de momento recordé que no éramos los únicos en la mesa, tuve que desviar mi atención hacia la persona de al lado para que no fuera obvio el desencanto por no saber como actuar ante esta tonta situación, tú sonreíste y en mi estomago pude sentir el gorgojeo del amor ¿A primera vista?
Tuve ganas de descalzar mi pie y rozar tu pierna descaradamente, de decirte ¡Cuánto quería que nos fuéramos a otro lugar y seducirte!
Empezar con una estupida interrogación cuál si estuviéramos contestando un chismografo en la secundaría; me sentí ridícula… ¡a mi edad pensando de esa manera!
Te reirías si descifrases lo que pienso mientras brindamos… Enseguida razoné lo incongruente del asunto. Tomé un cigarro, gentilmente acercaste el encendedor para que lo prendiera y tu mano rozó suavemente la mía, ¡me imaginé gritando tu nombre mientras hacíamos el amor! ¡Qué atrevida!
Volví a la realidad cuando el mesero acudió a preguntar si deseábamos algo más… (una eternidad contigo) fue lo que sugeriría…
-Me da gusto que hayamos coincidido.
Tus palabras me obligaron a brincar de mi lado al tuyo, solo así pude romper con la sarta de imágenes de alto contenido sexual que surgían sin que yo pudiera detenerlas, de hecho no quería que se detuvieran; quería que brincarán de mi cerebro a la mesa.
Tú solo me hablas tratando de comprender la mirada que te recorre.
Pido la cuenta pues ya no puedo más, te invito a salir de este lugar tan inapropiado para mis planes, caminamos por el pasillo empedrado de la plaza, te despides mas los tragos y mis zapatos no son una buena combinación cuando caminas por un sendero así, pero es un buen pretexto para que me tomes del brazo, es mi oportunidad, te induzco a la oscuridad, Tú cedes, el beso es inminente, mis manos presurosas juegan con los botones de tu camisa, mi lengua pasea entre tus lóbulos y tu cuello, gimes sin oportunidad de escapar, te tengo… La gente que pasa observa mi encarnizada lucha por derrumbarte; me detengo al colocar la mano sobre el zipper de tu pantalón y susurro a tu oído ¡Te deseo, José! Me apartas bruscamente mientras tus labios van dictando las palabras que me devuelven a la realidad:
- Lo siento señorita, no me llamo José, y ¡Por favor mueva su carro porque está bloqueando la entrada al estacionamiento!
Joana Satán
miércoles, noviembre 01, 2006
BABY SITTER
La lluvia caía torrencialmente, no había un espacio del balcón que no estuviera empapado, desde la ventana podía verse la silueta de la joven que miraba hacía la alberca rebosante, una mueca de triunfo podía adivinarse en su rostro.
Le habían contratado por recomendación de una familiar que trabajaba en una de las casas del acomodado vecindario, aún cuando ella no quería ese trabajo, ella quería seguir acudiendo a la escuela como sus demás amigas, pero a sus 15 años tenía que trabajar pues no había dinero en casa para sufragar los gastos que representaba mandarla al colegio, apenas y había para comer; así que tuvo que aceptar de muy mala gana el dinero que la Sra. de aquella casa le había ofrecido a cambio de sus servicios como niñera.
Al principio todo era fantástico, la única hija de la familia, una niña de aproximadamente 5 años de edad se portaba magníficamente bien, comía a sus horas y hacía sus deberes sin que ella tuviera que reprenderla u obligarla a hacerlos, pero como todo, al pasar del tiempo la niña se volvió caprichosa y respondona, ahora había que rogarle que hiciera o no tal o cual cosa, era insoportable, le desobedecía en todo e incluso la insultaba, y al contarle a la madre sobre el comportamiento de la niña , ésta ni se inmutaba y si acaso hacía un comentario despectivo acerca de la cada día más difícil situación. Por lo que ella tuvo que recurrir a los sobornos con la mocosa, si la obedecía le dejaría hacer o comer según el caso; aquella tarde después de una trifulca debido a que la remilgosa niña no quería comer y a cambio de dejarla jugar en el balcón de su habitación para que recogiera los juguetes, ella se decidió, no pasaría un día más al cuidado de la mocosa, así que mientras la niña jugaba en el balcón muy próxima al barandal la tomó por la cintura y la aventó hacía abajo, posteriormente cerró la ventana para no escuchar el crujido de sus huesos al chocar con el borde de la piscina, ni el ruido del agua al sumergirse el inanimado cuerpo. Seguro que después de lo ocurrido nadie volvería a ofrecerla como niñera nunca más.
Joana Satán
01 Noviembre 2006
Le habían contratado por recomendación de una familiar que trabajaba en una de las casas del acomodado vecindario, aún cuando ella no quería ese trabajo, ella quería seguir acudiendo a la escuela como sus demás amigas, pero a sus 15 años tenía que trabajar pues no había dinero en casa para sufragar los gastos que representaba mandarla al colegio, apenas y había para comer; así que tuvo que aceptar de muy mala gana el dinero que la Sra. de aquella casa le había ofrecido a cambio de sus servicios como niñera.
Al principio todo era fantástico, la única hija de la familia, una niña de aproximadamente 5 años de edad se portaba magníficamente bien, comía a sus horas y hacía sus deberes sin que ella tuviera que reprenderla u obligarla a hacerlos, pero como todo, al pasar del tiempo la niña se volvió caprichosa y respondona, ahora había que rogarle que hiciera o no tal o cual cosa, era insoportable, le desobedecía en todo e incluso la insultaba, y al contarle a la madre sobre el comportamiento de la niña , ésta ni se inmutaba y si acaso hacía un comentario despectivo acerca de la cada día más difícil situación. Por lo que ella tuvo que recurrir a los sobornos con la mocosa, si la obedecía le dejaría hacer o comer según el caso; aquella tarde después de una trifulca debido a que la remilgosa niña no quería comer y a cambio de dejarla jugar en el balcón de su habitación para que recogiera los juguetes, ella se decidió, no pasaría un día más al cuidado de la mocosa, así que mientras la niña jugaba en el balcón muy próxima al barandal la tomó por la cintura y la aventó hacía abajo, posteriormente cerró la ventana para no escuchar el crujido de sus huesos al chocar con el borde de la piscina, ni el ruido del agua al sumergirse el inanimado cuerpo. Seguro que después de lo ocurrido nadie volvería a ofrecerla como niñera nunca más.
Joana Satán
01 Noviembre 2006
CURA PARA EL INSOMNIO
Ni bien había cerrado los ojos cuando el ronquido del hombre que yacía dormido a su lado le hizo abrirlos, era imperceptible cómo el zumbido de un mosco a un metro de distancia, más podía escucharlo como si sucediera dentro de ella; se dio la vuelta y trato de interponer el grueso cobertor entre su oído y la boca de él, al tiempo que encendía la lámpara de noche.
-¿Qué sucede? – preguntó él ante el abrupto despertar.
- ¡Nada, no puedo dormir, tengo insomnio!
- ya llevas varios días así, deberías tomar algo, ¿un té sería fabuloso o unas pastillas, no crees?
- No, no quiero nada.
La luz se apagó de nuevo y con ella la conversación, sin más preámbulos él se acurrucó debajo de las sábanas mientras ella daba vueltas en la cama pensando interminablemente en lo mucho que deseaba caer en los brazos de Morfeo. Al día siguiente él se levantó y preparó el desayuno, no la despertó pues sabía que no había podido conciliar el sueño hasta entrada la mañana y que si lo hacía su mujer estaría de peor humor que en los últimos meses; el sentimiento de pertenencia le hizo sentir feliz aunque internamente sospechaba que algo sucedía, pues apenas el mes pasado fueron una serie de pesadillas y ahora el insomnio el que se interponía entre ellos.
Pasadas las 12:00 de la mañana ella abrió los ojos, trato de incorporarse pero el cansancio producido por las noches sin dormir era más poderoso que las labores que la esperaban como cada día desde que vivía con él. Se quedó una hora más en la cama esculcando entre las posibles causas que le causaran el trastorno. Su hombre, cómo el prefería autonombrarse entró a la recamara y se sentó apoyando la cabeza en su regazo.
-¿Cómo amaneciste? ¿Espero que hayas descansado o no? Te traje el desayuno.
- Pues creo que podría seguir durmiendo todo el día – respondió ella de buen talante.
- Creo que deberías relajarte un poco e investigar que es lo que te tiene tan estresada y no te deja pegar el ojo.
- Sí, tienes razón- mientras la respuesta salía de sus labios en lo más recóndito de su cabeza se iluminó el motivo, era él, con sus atenciones desmedidas, con sus buenas intenciones y sus desayunos en la cama, le odiaba, sin saberlo era él, con sus malditos ronquidos y sus consejos paternalistas, la voz de él se escuchó de nuevo.
- y una vez que hallas descubierto la causa tendrás que eliminarla para que los patrones no se repitan…..
- si, contestó ella como autómata imaginando si cabría el cadáver de él en el refrigerador.
Joana satán
01 de Noviembre 2006
-¿Qué sucede? – preguntó él ante el abrupto despertar.
- ¡Nada, no puedo dormir, tengo insomnio!
- ya llevas varios días así, deberías tomar algo, ¿un té sería fabuloso o unas pastillas, no crees?
- No, no quiero nada.
La luz se apagó de nuevo y con ella la conversación, sin más preámbulos él se acurrucó debajo de las sábanas mientras ella daba vueltas en la cama pensando interminablemente en lo mucho que deseaba caer en los brazos de Morfeo. Al día siguiente él se levantó y preparó el desayuno, no la despertó pues sabía que no había podido conciliar el sueño hasta entrada la mañana y que si lo hacía su mujer estaría de peor humor que en los últimos meses; el sentimiento de pertenencia le hizo sentir feliz aunque internamente sospechaba que algo sucedía, pues apenas el mes pasado fueron una serie de pesadillas y ahora el insomnio el que se interponía entre ellos.
Pasadas las 12:00 de la mañana ella abrió los ojos, trato de incorporarse pero el cansancio producido por las noches sin dormir era más poderoso que las labores que la esperaban como cada día desde que vivía con él. Se quedó una hora más en la cama esculcando entre las posibles causas que le causaran el trastorno. Su hombre, cómo el prefería autonombrarse entró a la recamara y se sentó apoyando la cabeza en su regazo.
-¿Cómo amaneciste? ¿Espero que hayas descansado o no? Te traje el desayuno.
- Pues creo que podría seguir durmiendo todo el día – respondió ella de buen talante.
- Creo que deberías relajarte un poco e investigar que es lo que te tiene tan estresada y no te deja pegar el ojo.
- Sí, tienes razón- mientras la respuesta salía de sus labios en lo más recóndito de su cabeza se iluminó el motivo, era él, con sus atenciones desmedidas, con sus buenas intenciones y sus desayunos en la cama, le odiaba, sin saberlo era él, con sus malditos ronquidos y sus consejos paternalistas, la voz de él se escuchó de nuevo.
- y una vez que hallas descubierto la causa tendrás que eliminarla para que los patrones no se repitan…..
- si, contestó ella como autómata imaginando si cabría el cadáver de él en el refrigerador.
Joana satán
01 de Noviembre 2006


