viernes, junio 22, 2007

OBSTINACIÓN

Esta ansiedad de verte, descontrolada y audaz.
Tus ojos, tu cabello; la imagen de mis horas.
El murmullo vital, detenido,
el momento justo en que estrecho tu mano.
Vértigo recorriendo cada espacio, cada hueso
Y la certidumbre como una guadaña
Atando tu nombre a mi lengua.

viernes, junio 08, 2007

CONTRASTE

Alguna vez en mi vida fuiste tanto, los amaneceres, la luna, el vestido que quería estrenar, la canción en la radio, todo. Pensaba en mariposas y en horas que nunca llegaron, eras esa sensación en mi estomago, solo comparada con la vieja lavadora de ciclos automáticos que tenemos en casa y bueno que decir de mi pobre cerebro el cual no sé si me duele de tanto pensar o no piensa de tanto doler.
Quise convertirte en la fuente de mi inspiración, dotarte con poderes mágicos, transformarte en el eje del Universo. Cualidades que sin duda alguna solo figuraban en mi fértil imaginación, a veces los poetas tendemos a ser las personas mas cándidas y esperanzadas que pueblan este globo terráqueo, o todo lo contrario, lo único bueno de todo lo que nos pasa es que podemos usarlo a nuestro favor y convertirlo en texto, así es como te he convertido en aquello que mas se asemeja a tu interior real y tangible, un pedazo de excremento al cual he jalado la palanca para lanzarlo del retrete de mi mente.
Joana Satán
08/Jun/2007

lunes, junio 04, 2007

1 SEGUNDO EN 24 HORAS PARA VER MORIR UN BESO

Silencio, atroz, despiadado,
quebrando alas de ángeles muertos.
El dolor no se vive, se muere;
es parte de mis manos,
esas manos que diariamente riegan las flores
del jardín esperando que cambien de color.
De mis ojos, que miran el ocaso;
en espera de visiones que no sean de hastío.
Mis piernas que no pueden correr hacia ninguna sombra,
que no pisan paso alguno.
El cadáver de una ilusión: Eres tú,
sentado ante un escritorio,
abortando el amor que germinaba en mi.

domingo, junio 03, 2007

Maldito estruendo, miedo ahogado en lágrimas; entre esperanzas, sueños, promesas, que ahora se encuentran al borde del precipicio intentando no ser lanzadas al vacío, dolor implacable, acechando siempre cada instante, cada evento feliz, dolor acompañado de muerte, el corazón un camposanto con sus caricias de cruces y remiendos, miedo revuelto con el olor del tiempo, quizá amor, ese amor desatinado con sabor a desgracia; a pasos de gigantes en tierra de nadie, el matiz de la sangre vertida sobre el lienzo de la piel, retrato de un hombre labrado en los propios huesos, en musgo, atado a la impaciencia de mis sueños, un hombre convertido en Cuento o en Poema, lo mismo da. Es un hombre que no existe y si existe está muerto aún.
Joana Satán
03/Jun/07

sábado, junio 02, 2007

Lectura de Poemas y Cuentos. Auditorio de la Casa de la Cultura de Tulum(Jueves, 28 de Junio 19:00 horas)

CORAZÓN EN ZOZOBRA

Duele el vacío en el que van cayendo los segundos
Interminables, despiadados,
La esperanza se me fuga por los lagrimales
y tu respuesta no es audible aún.
Enciendo un cigarro con las últimas ilusiones;
se convierten en rezo, en angustia
deshojando mariposas en mi entraña,
sacudiendo en un estrepito a esta materia
metálica, pesada,
que no acepta este silencio que se traduce en un No.

Joana Satán Y Adriana Flores


CUENTO DE HORROR

Hacía poco que nos habíamos mudado a ese departamento, al principio yo trabajaba en una marina al igual que mi pareja en aquél tiempo, generalmente salíamos muy de mañana para llegar a penas a cenar algo y dormir para al día siguiente repetir la jornada; pero un día al volver del trabajo nos habían robado las pocas cosas que adquirimos con muchos sacrificios, así que por acuerdo mutuo y después de hacer un balance de los gastos y necesidades que adquirimos al vivir juntos, decidimos que bien podía dejar yo mi trabajo temporalmente y dedicarme un poco a darle cara de hogar al lugar y de paso salvaguardar lo poco que los rateros nos habían dejado ( mis libros, la ropa de ambos, los enseres de limpieza y la plancha, aunque esta ultima bien hubiera dado lo que fuera para que se la llevaran). Pues así fue como poco a poco me fui instalando en mi nuevo rol de ama de casa, me apuraba temprano para tener listo el uniforme, levantar al susodicho y despedirlo para que se fuera al trabajo, hacía el quehacer en friega y me iba a hacer las compras, regresando cocinaba y comía algo ligero, esta era realmente mi ultima actividad, después me ponía a leer hasta llegada la hora en que él regresaba a casa y cenábamos juntos mientras me contaba los últimos acontecimientos en la marina, así transcurrían mis días apacibles y generalmente sin alteración, hasta que llego aquél libro a mis manos, era una compilación de narraciones de horror en honor a H. P Lovecraft el cual reunía a varios de sus discípulos más destacados, me sumergí de inmediato en la lectura, afición que me resultaba un tanto emocionante debido a la paranoia que sucedía a dicho hobby, pues al encontrarme sola en el departamento generalmente hasta altas horas de la noche mi imaginación volaba, así hasta que llegue a aquél cuento, no recuerdo el título pero trataba sobre un tipo que hacía un experimento sobre los miedos y el poder de la psique para materializarlos a la vida real de las personas que los padecen, total que el talón de Aquiles de la pobre víctima del científico este, era un sueño en el cual se encontraba agazapado en alguna habitación al final de una escalera cuando por esta subía un payaso con una cara desencajada por la locura con machete en la mano y le daba muerte al pobre de la manera mas espantosa que pudiera imaginarse, tardé varios días en poder finalizar dicha narración que era seguida de noches de insomnio, hasta que por fin lo terminé, esa noche menos dormí; la lectura me produjo un miedo indescifrable al grado que no quería ni ir sola al baño, dormí esa noche fusionada al brazo de mi compañero. La mañana se me hizo eterna hasta que finalmente el sol llego y con el mi acostumbrada rutina, todo era igual a los otros días hasta el momento en que despedí a mi pareja con un beso en el umbral de la puerta, después de eso me dirigí a la cocina a prepararme algo para desayunar, di la espalda a la ventana que daba a la terraza ubicada frente a la escalera para sacar del refrigerador unos huevos y un poco de jamón, en esas estaba cuando escuché el crujir de la puerta de madera que separaba la escalera de la calle, volteé enseguida, pensando que se le había olvidado algo a mi maridín y cual sería mi sorpresa cuando en lugar de verle a él, encontré subiendo los escalones a un payaso sudoroso y jadeante con un machete en la mano, he de confesar que el grito de espanto que emití aún resuena en mis oídos, los huevos resbalaron de mis manos estrellándose contra el piso, mis piernas apenas y lograban mantenerme en pie, me pegué a la pared mas cercana, mi corazón estaba a punto de estallar si no es que se detuvo en seco ante aquella visión, las imágenes del cuento que había leído apenas unas horas antes se habían materializado ante mi, casi me hago en los chones mientras un llanto histérico me embargaba, el payaso avanzo decidido a través de la terraza, yo no sabía que hacer, casi me había resignado a terminar igual que el pobre protagonista del cuento cuando de repente lo vi pegado a mi ventana, a punto de desmayarme y haciendo uso de mis ultimas fuerzas le pregunte quien era y que quería? Blandiendo su machete me contesto:
- Disculpe vecina, yo vivo al lado, doy clases de teatro y en mis ratos libres trabajo de payaso, le pedí permiso a su esposo cuando lo ví salir para pasar a cortar unas ramas de su árbol por que ya no me dejan abrir las ventanas de mi casa. ¿Le pasa algo? ¿Puedo ayudarla?
En ese instante corrí a la recamara por el libro y lo dejé en un parque a varias calles de la casa. No fuera a ser la del diablo y ahora si se me hiciera realidad el cuentito de horror.






Joana Satán
10/Mayo/2007

LUNAREA

Jugaría entre tu cuerpo midiéndolo palmo a palmo con mi lengua
Olvidando el tiempo entre las palmas de tus manos
Recorriendo el aire expelido por tus labios
Guardando en mi lunárea tus latidos
Erigiendo nuevas esperanzas para ti , en mi corazón.

EMPEZAR DE CERO

Un escalofrío le recorrió la columna vertebral a su regreso a aquella casa; la fachada sin una gota de pintura, la estructura daba la impresión de ser una casa en remodelación más que estar abandonada, las ventanas cubiertas con plástico negro llenas de telarañas le daban un aspecto lúgubre, a pesar de ello resolvió atravesar la estrecha puerta de hierro que daba acceso al lugar. Apenas y quedaban algunos muebles en ruinas en lo que tiempo atrás fuera la sala; la mesa del comedor y algunos platos en la cocina; lo que más abundaba eran las cucarachas y las ratas corriendo por los libros apilados y enmohecidos en la olvidada biblioteca, en la recamara principal las cosas eran muy similares, apenas y estaba en pie la cama que años atrás cobijara tantos sueños; quiso dar la vuelta y salir corriendo, pero el morbo de estar de nuevo en aquél lugar le obligó a sentarse entre el polvo y la suciedad que cubría el colchón, la posición en la que se había acomodado le daba una visión perfecta sobre las manchas de sangre que cubrían el papel tapiz casi imperceptibles e indelebles ante el avance implacable del tiempo. Esforzándose un poco lograría la proyección mental de las diapositivas que conformaban sus últimos recuerdos, los sollozos y las suplicas de aquella persona, los restos del cuerpo inerte y ensangrentado esparcidos por el suelo, la policía y todo el barullo producido por aquél espantoso crimen, los encabezados de los diarios principales, las pruebas psiquiátricas y todo aquél circo por el cual tuvo que pasar antes de ser recluida en la cárcel aquellos años. Esa mañana al ser liberada le devolvieron junto con sus pertenencias aquella memoria que le había sido arrebatada al momento de su reclusión, pero que ahora volvía a ser suya, era por eso que había vuelto a esa casa, para alimentarla con todos aquellos detalles que habían tratado de arrancarle sin saber que era imposible hacerlo, pues ella siempre sería lo que era en ese momento, una asesina a la espera de su siguiente víctima, Ring… sonó el timbre de la puerta. Esta era su oportunidad.






Joana Satán
09/Mayo/2007

Nadia Us, Joana Satán y Luis Ortega (Escritores)


ORGASMO

El calor de tu cuerpo, violáceo.
la piel empañada
traslucida como arena.
Tirano sexual, insaciable y húmedo.
Manos recorriendo ámbitos
Intemperados y febriles;
fluidos corriendo como riachuelos
en el torrente dulce de mi boca.

EL SUEÑO


Era un día como todos los días en aquella época de su vida, sin nada en particular, grises y vacíos, era obvio que no eran días ni prósperos, ni mucho menos felices, acababa de regresar a casa de su familia después de terminar con una relación por demás infructuosa y viciada de varios años; tratar de rearmar las piezas del rompecabezas de su vida es lo peor que puede pasarle a cualquier mujer, de cualquier edad, o cualquier nivel, pero a ella, le pesaba un poco más. Respirar era casi imposible.
Le dolía mucho tener que aceptar que siempre estuvo sola y que todo lo que había atesorado era ahora un puñado de arena lanzado contra su rostro, solía pensar que nada valdría la pena. Todo era una rutina constante como una gotera sobre un techo de cartón, el tiempo enloquecedor con su tic-tac, tic-tac que no para nunca, que escupe a la cara las vergonzosas verdades, esas que la convertían en un desecho de guerra, aquél juego que no había podido ganar y que probablemente nunca volvería jugar.

Sus días transcurrían encerrada en la alcoba que le habían destinado, apenas y salía de ella, sólo para comer o ir al baño, a pesar de las muchas suplicas de sus seres queridos por que cambiara su actitud; ni pensar salir a la calle con sus ojos hinchados y enrojecidos por el llanto incontenible, dormir era el único consuelo, soñar con días gloriosos, con cielos de brillantes arco iris, sueños que corresponden a las princesas de los cuentos de hadas, soñaba con un ángel de piel dorada de aliento dulce como las lilas, con ojos de aguamarina y cabellos de rutilo que dulcemente la tomaba en sus brazos, rodeándola de una suavidad y un confort desconocidos, una voz trémula le susurraba al oído que despertase, pero ella no quería volver a la agonía de siempre, se asió fuertemente a la figura de aquél hombre con tal fuerza que ya no hubo manera de soltarse nunca más. Así fue como ese día tan igual a todos los demás, llovieron plumas blancas sobre su cuerpo afirmando su victoria contra la tristeza y perpetuando el dulce sueño de la muerte.


















Joana Satán
29 de Enero 2007